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Soltar

Guía · 9 min de lectura

Cómo atravesar la muerte de un ser querido (sin apurarte)

Qué suele pasar en las primeras semanas, por qué el duelo no es una línea recta, qué pasa con el cuerpo y el sueño, y cuándo conviene pedir ayuda.

Equipo de Soltar · Actualizado el

Si el dolor te lleva a pensar en hacerte daño o en no querer vivir, no estás solo/a: pedí ayuda ahora. En Argentina llamá al 135 (gratis desde CABA y Gran Buenos Aires), al (011) 5275-1135 desde todo el país o al 911. Si estás en otro país, mirá las líneas de ayuda por país.

Cuando se muere alguien que querés, el mundo sigue andando y vos sentís que se frenó. Los mensajes de pésame se espacian y, en algún momento, alguien te pregunta "¿ya estás mejor?". Esta guía es para ese momento: para entender lo que te está pasando y para darte permiso de ir a tu ritmo.

¿Se puede "superar"?

Una de las búsquedas más frecuentes es cómo superar la muerte de un ser querido. Pero la palabra "superar" puede jugar en contra, porque sugiere que hay que dejar atrás a la persona o llegar a un punto en el que ya no duela.

Lo que muchas personas describen con el tiempo es otra cosa: aprender a vivir con la pérdida. El dolor no desaparece de un día para el otro, pero cambia de forma. Deja de ocupar todo el espacio y la vida, de a poco, vuelve a crecer alrededor. La persona sigue siendo importante; lo que cambia es cómo la llevás con vos.

Las primeras semanas

Al principio es común sentirse en una especie de niebla. Hay trámites, visitas, decisiones que tomar, y muchas veces una sensación de irrealidad, como si todavía fuera a sonar el teléfono. Algunas personas lloran mucho y otras casi nada: las dos reacciones son esperables.

En este tramo, lo más importante es sostenerte, no "procesar" todo:

  • Comer algo, aunque sea poco, y tomar agua.
  • Dormir o descansar lo que puedas, sin exigirte.
  • Aceptar la ayuda que te ofrecen: una comida, un trámite, compañía.
  • Postergar, si se puede, decisiones grandes como mudarte, vender cosas o dejar un trabajo.
  • No dar explicaciones: podés decir "hoy no tengo ganas de hablar".

El duelo no es una línea recta

Seguramente escuchaste hablar de las "etapas del duelo". Pueden servir para ponerle nombre a algunas emociones, pero hoy se entiende que no hay etapas obligatorias ni un orden que haya que cumplir. No tenés que pasar por el enojo para "avanzar", ni llegar a la aceptación en una fecha determinada.

Un modelo que describe mejor lo que pasa es el llamado proceso dual. Según esta mirada, en el duelo vamos y venimos entre dos movimientos: momentos en los que miramos la pérdida de frente (extrañar, llorar, mirar fotos, recordar) y momentos en los que nos ocupamos de la vida (trabajar, cocinar, ver a otras personas, distraernos). Las dos cosas son necesarias, y oscilar entre ellas es sano.

Por eso puede pasar que un día te rías con amigos/as y a la mañana siguiente no puedas levantarte. Eso no es retroceder. Reírte no es traicionar a quien se murió, y llorar de nuevo no significa que todo lo que avanzaste se perdió.

El dolor viene en olas. Algunas te tumban, otras pasan de largo. Con el tiempo, suelen espaciarse.

El vínculo no se corta

Durante mucho tiempo se pensó que hacer el duelo era "desprenderse" de la persona. Hoy se sabe que muchas personas mantienen un vínculo que continúa con quien murió, y que eso puede ser sano: hablarle, escribirle, cocinar su receta, usar algo suyo, preguntarse qué diría en una situación.

No hay una forma correcta: hay quienes visitan el cementerio y quienes no van nunca, quienes guardan todas sus cosas y quienes las regalan pronto. Lo importante es que lo que hagas te dé un poco de paz, no que cumpla con lo que espera el resto.

Escribir una carta a la persona, aunque nadie la vaya a leer, es un recurso que a muchas personas les sirve para decir lo que quedó pendiente.

El cuerpo y el sueño

El duelo no pasa solo por la cabeza. Es frecuente sentir cansancio profundo, opresión en el pecho, nudo en la garganta, falta de apetito o ganas de comer todo el tiempo, dificultad para concentrarte y olvidos.

El sueño suele desordenarse: cuesta dormirse, te despertás de madrugada o soñás con la persona. Algunas cosas que ayudan:

  • Mantener horarios más o menos fijos para acostarte y levantarte.
  • Dejar el celular lejos de la cama y no buscar fotos o mensajes de noche.
  • Tener a mano algo que calme: una respiración lenta, un sonido suave, una lectura liviana.
  • Evitar el alcohol para dormir: ayuda a conciliar el sueño pero lo vuelve más liviano y cortado.

Si hace semanas que casi no dormís, consultá con un/a médico/a. En la guía sobre cómo dormir cuando la cabeza no para hay más ideas que también sirven en un duelo.

Cuando la muerte fue repentina o por suicidio

Cuando la muerte llega de golpe, por un accidente, un problema de salud inesperado o un hecho violento, no hubo tiempo de prepararse ni de despedirse. Es común que el shock dure más, que la mente vuelva una y otra vez a cómo pasó, y que aparezcan preguntas sin respuesta. Si la pérdida venía anunciada por una enfermedad, quizás te sirva leer sobre el duelo anticipado.

Cuando alguien muere por suicidio, el duelo suele traer cargas extra: la culpa ("¿por qué no me di cuenta?"), el enojo, la vergüenza, el silencio de los demás. Es importante saberlo: no es tu culpa. Este tipo de duelo merece un acompañamiento especial, y pedir ayuda profesional temprano puede hacer mucha diferencia. También existen grupos de apoyo para personas que perdieron a alguien de esta manera.

Si las imágenes de lo que pasó te invaden o no podés dormir, buscá ayuda sin esperar.

Si se murió tu mascota

El duelo por un animal también es duelo. Era parte de tu rutina, de tu casa y de tus afectos, y muchas veces te acompañó en momentos en los que nadie más estaba. Es esperable que duela mucho, aunque el entorno no siempre lo entienda.

No necesitás justificar tu tristeza. Podés hacer un pequeño ritual, guardar su collar, plantar algo o simplemente darte tiempo antes de pensar en otro animal.

Cuándo conviene consultar

El duelo no es una enfermedad, y la mayoría de las personas lo atraviesa con el apoyo de su entorno. Pero a veces el dolor se queda trabado. Conviene consultar con un profesional de la salud mental si, pasado alrededor de un año, el dolor sigue igual de intenso que al principio e impide la vida diaria: no podés trabajar, no podés estar con otras personas, todo gira alrededor de la pérdida. A eso a veces se lo llama duelo prolongado, y un profesional puede ayudarte a destrabarlo.

No hace falta esperar tanto si:

  • Usás alcohol, pastillas u otras sustancias para aguantar.
  • Hace semanas que no podés dormir, comer o levantarte.
  • Te aislaste de casi todas las personas.
  • Aparecen pensamientos de no querer vivir o de ir a encontrarte con quien murió. En ese caso, pedí ayuda hoy mismo.

Para saber cómo y dónde buscar, leé las señales de que necesitás ayuda profesional.

Esta guía es información general. No reemplaza la consulta con un profesional de la salud ni sirve para diagnosticar.