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Soltar

Guía · 8 min de lectura

Divorcio con hijos: cómo atravesarlo y cuidarlos (y cuidarte)

Cómo contarles, qué es lo que más los protege, cómo hablar con tu ex sin pelear y cómo cuidarte a vos en el medio.

Equipo de Soltar · Actualizado el

Separarse con hijos es atravesar dos cosas al mismo tiempo: el final de la pareja y la necesidad de seguir siendo familia de otra manera. Tenés que hacer tu duelo mientras sostenés el de ellos, y además coordinar con la persona con la que menos ganas tenés de hablar.

No hay una forma perfecta de hacerlo. Pero hay cosas que, según lo que se sabe, protegen mucho a los chicos, y otras que conviene evitar.

Cómo contarles

  • Si es posible, juntos. Que vean que, aunque ya no sean pareja, los dos siguen siendo sus padres y pueden ponerse de acuerdo en lo importante.
  • Con una verdad simple y adecuada a su edad. No hace falta dar detalles de por qué se separan, y menos de quién tuvo la culpa. "Mamá y papá decidimos no vivir más juntos" alcanza para empezar.
  • Dejá claro que no es su culpa. Muchos chicos creen, en silencio, que algo que hicieron causó la separación. Decíselo explícitamente, y más de una vez.
  • Contales qué cambia y qué no. Dónde van a vivir, cuándo van a ver a cada uno, si cambian de escuela. Lo concreto da seguridad.
  • Dales permiso para sentir. Enojo, tristeza, alivio o indiferencia: todas son reacciones posibles. Y van a hacer preguntas durante semanas o meses, no solo ese día.

Lo que más los protege

Más que la separación en sí, lo que suele afectar a los chicos es quedar atrapados en el conflicto entre sus padres. Por eso:

No los pongas en el medio

  • No los uses como mensajeros ("decile a tu papá que…").
  • No les preguntes qué pasa en la otra casa, con quién sale tu ex o qué dice de vos.
  • No hables mal del otro progenitor delante de ellos, aunque tengas razón para estar enojado/a. Para ellos, es la mitad de quienes son.

Bajá el volumen del conflicto delante de ellos

Las discusiones, los portazos y los silencios tensos en los cambios de casa los afectan mucho. Si una conversación se pone difícil, cortala y retomala por escrito.

Sostené rutinas

Horarios, escuela, actividades, las comidas de siempre. La previsibilidad les da una base firme cuando todo lo demás cambia.

Dales permiso para querer a los dos

Que no sientan que disfrutar con el otro progenitor es traicionarte. Ese permiso es uno de los regalos más grandes que les podés dar.

Lo que puede aparecer según la edad

Cada chico es distinto, pero algunas reacciones son frecuentes y, en general, pasajeras:

  • Los más chicos pueden volver a conductas que ya habían dejado (hacerse pis, querer dormir con vos, más berrinches). Necesitan rutina, contacto físico y explicaciones muy simples.
  • En edad escolar es común la culpa, la tristeza o la fantasía de que sus padres vuelvan a estar juntos. Ayuda que puedan hablar sin sentir que te lastiman.
  • Los adolescentes pueden mostrarse enojados, distantes o tomar partido. Necesitan espacio, pero también límites claros y adultos disponibles.

Cómo comunicarte con tu ex sin pelear

Cuando hay hijos, el contacto cero no es posible, pero sí el contacto mínimo: hablar solo de lo necesario y de una manera que no reabra la relación.

  • Preferí lo escrito. Te da tiempo para pensar y deja registro de lo acordado.
  • Mensajes breves, informativos, amables y firmes (lo que se conoce como método BIFF). Solo los datos, sin reproches ni ironías.
  • No contestes en caliente. Si un mensaje te enoja, esperá antes de responder.
  • Separá los temas. Los chicos son una conversación; lo que sentís sobre la relación, otra, y no con tu ex.

Un ejemplo: en lugar de "Como siempre, te olvidaste de la mochila, no se puede contar con vos para nada", probá con "Hola. Juan dejó la mochila en tu casa y la necesita mañana para la escuela. ¿Podés acercarla antes de las 8? Gracias."

Cuidarte vos también

Es fácil ponerse en último lugar cuando hay chicos de por medio. Pero ellos necesitan, sobre todo, un adulto lo más entero posible.

  • Los días sin los chicos pueden sentirse vacíos y muy silenciosos. Planificalos: ver amigos, hacer algo que te guste, descansar.
  • Buscá adultos para desahogarte. Tus hijos no son tus confidentes, aunque sean grandes y te lo ofrezcan.
  • Pedí y aceptá ayuda con lo práctico: comidas, traslados, una tarde libre.
  • No te exijas ser perfecto/a. Vas a tener días malos y los chicos te van a ver triste alguna vez. Eso no los daña si después pueden ver que lo atravesás.

Cumpleaños, fiestas y vacaciones

Las primeras fechas especiales después de la separación suelen ser las más difíciles, para vos y para ellos. Conviene acordarlas con tiempo y por escrito: quién pasa qué fecha, cómo se reparten las vacaciones, si festejan juntos un cumpleaños o por separado. Lo importante no es que todo sea igual que antes, sino que los chicos sepan de antemano qué va a pasar. Y si te toca pasar una fecha sin ellos, planificá ese día para no quedarte solo/a.

Los temas de cuidado de los hijos, régimen de comunicación, cuota alimentaria y vivienda tienen implicancias legales. Conviene consultar con un abogado o una abogada de familia, y muchas parejas encuentran útil la mediación para llegar a acuerdos sin escalar el conflicto. Ponerlo por escrito suele evitar malentendidos.

Si hay violencia

Todo lo anterior supone una separación sin violencia. Si en la relación hubo violencia física, psicológica o económica, o si le tenés miedo a tu ex, la prioridad es tu seguridad y la de tus hijos, no la buena comunicación. En Argentina podés llamar a la Línea 144 las 24 horas, y al 911 ante un peligro inmediato.

Cuándo buscar ayuda para ellos

Consultá con su pediatra o con un psicólogo infantil si, pasadas algunas semanas, notás cambios que no ceden o empeoran: problemas fuertes de sueño o alimentación, caída marcada en la escuela, aislamiento, tristeza persistente, agresividad nueva o cualquier señal de que se lastiman o hablan de no querer vivir.

Y si sos vos quien no puede con el día a día, en esta guía repasamos cuándo conviene consultar.

Esta guía es información general. No reemplaza la consulta con un profesional de la salud ni sirve para diagnosticar.