Guía · 7 min de lectura
Cómo no escribirle a tu ex (y qué hacer cuando las ganas te pueden)
Por qué las ganas aparecen con tanta fuerza, qué hacer en los próximos diez minutos y cómo prepararte para la próxima vez.
Son las once de la noche, tenés el teléfono en la mano y el chat abierto. Ya escribiste el mensaje y lo borraste dos veces. Una parte tuya sabe que si lo mandás vas a quedar esperando una respuesta que puede no llegar, o que puede llegar y doler más. La otra parte siente que si no lo mandás, no vas a poder respirar.
Si estás ahí, primero lo importante: lo que te pasa es muy común y no habla mal de vos. No es falta de voluntad ni de amor propio. Es lo que hace un cerebro que perdió algo que le importaba. Y se puede atravesar.
Por qué las ganas de escribirle son tan fuertes
Cuando una relación termina, el cuerpo no se entera de inmediato. Durante meses o años, esa persona fue una fuente de calma, de compañía y de placer. Cuando desaparece, muchas personas sienten algo parecido a una abstinencia: inquietud, angustia, pensamientos que vuelven una y otra vez a lo mismo y una urgencia enorme por recuperar el contacto, aunque sea un minuto.
Escribirle promete alivio inmediato. A veces lo da, por un rato. Pero cada contacto vuelve a abrir la herida y alimenta la próxima ola de ganas. Es un circuito que se refuerza solo, sobre todo cuando las respuestas son impredecibles: a veces contesta con cariño, a veces con frialdad, a veces no contesta.
Por eso no alcanza con "no pensar en eso". Lo que funciona es entender cómo se comportan las ganas y tener un plan para cuando aparecen.
Las ganas funcionan como una ola
En psicología hay una técnica que se llama surfear el impulso. La idea es simple: un impulso, por fuerte que sea, no crece para siempre. Sube, llega a un pico y baja. En el momento parece que va a durar toda la noche, pero si no lo alimentás (mirando sus fotos, releyendo chats, imaginando conversaciones), en general empieza a aflojar en cuestión de minutos.
No se trata de pelearte con las ganas ni de hacer de cuenta que no están. Se trata de mirarlas pasar sin obedecerlas. Cada vez que una ola pasa sin que le escribas, la próxima suele ser un poco más manejable.
Qué hacer en los próximos diez minutos
Si estás en el medio de una ola ahora mismo, probá con esto, en orden. No hace falta hacerlo perfecto.
1. Ponele un número
Del 1 al 10, ¿qué tan fuertes son las ganas? Ponerle un número te saca un poquito del torbellino y te permite comparar después.
2. Respirá para bajar un cambio
Probá el suspiro fisiológico: dos inhalaciones cortas por la nariz, una detrás de la otra, y una exhalación larga y lenta por la boca. Repetilo tres veces. Exhalar más largo de lo que inhalás ayuda a que el cuerpo salga del modo alarma.
3. Preguntate qué esperás que pase
Antes de mandar el mensaje, contestate con honestidad: ¿qué querés que pase después? ¿Que te diga que te extraña? ¿Que vuelva? ¿Que te explique por qué? ¿Que sepa cuánto te dolió? ¿O simplemente sacarte esta angustia de encima?
Y después: ¿qué pasó las otras veces? Si las respuestas anteriores te dejaron peor, es información valiosa. No para castigarte, sino para cuidarte.
4. Escribilo, pero no se lo mandes
Escribí todo lo que le dirías, sin filtro, en un lugar donde no lo pueda leer: un cuaderno, las notas del teléfono o el diario de Soltar. La escritura expresiva ayuda a ordenar lo que sentís y le da salida a la urgencia sin las consecuencias de enviarlo. Si mañana todavía querés decirle algo, lo vas a poder decidir con la cabeza más fría.
5. Leé tus razones
En un momento más claro, anotá por qué decidiste no escribirle: "porque cada vez que hablamos quedo destruido/a una semana", "porque me merezco a alguien que elija estar", "porque quiero dejar de esperar". En el medio de la ola, esa lista es la voz de tu yo más sereno.
6. Esperá diez minutos haciendo otra cosa
Poné un temporizador. Mientras corre, hacé algo que ocupe el cuerpo: lavarte la cara con agua fría, salir al balcón, caminar por la casa, ordenar un cajón, llamar a alguien que no sea tu ex. Dejá el teléfono en otra habitación si podés.
7. Fijate cómo quedaste
Cuando termine el tiempo, volvé a ponerle un número a las ganas. Muchas veces bajaron. Si no bajaron del todo, podés repetir el recorrido. Cada ola que atravesás es una prueba de que podés.
Cómo prepararte para la próxima ola
Las ganas no aparecen al azar. Suelen tener momentos y disparadores: la noche, el fin de semana, después de tomar alcohol, una canción, una fecha, ver una foto en redes. Conocer los tuyos te deja un paso adelante.
- Sacá el chat de la vista. Archivalo o silencialo. Si te ayuda, borrá su número de favoritos o cambiale el nombre en tus contactos por algo que te haga frenar, como "¿Qué esperás que pase?".
- Dejá de mirar sus redes. Chequear qué hace mantiene la herida abierta y suele disparar las ganas de escribir. Silenciar o dejar de seguir no es inmadurez: es cuidado.
- Cuidado con el alcohol. Baja el freno justo cuando más lo necesitás. Si sabés que vas a tomar, dejá un plan armado antes.
- Armá un acuerdo con alguien de confianza. "Si tengo ganas de escribirle, te escribo a vos primero." Una amiga, un hermano o un compañero pueden ser tu primera parada.
- Anticipá las fechas difíciles. Aniversarios, cumpleaños, fiestas. Planificá esos días con compañía o con actividades.
Los mensajes que parecen inofensivos
"¿Cómo estás?", "Feliz cumple", "Vi esto y me acordé de vos", "Te quedó una campera acá". Son mensajes que parecen chiquitos, pero casi siempre llevan otra pregunta escondida: ¿todavía te importo?
No hay una regla absoluta; la pregunta clave sigue siendo la misma: ¿qué esperás que pase? Si la respuesta es "nada, solo quiero ser cordial", quizás puede esperar. Si la respuesta es "que me conteste y ver qué onda", vale la pena pasar por los pasos de arriba antes.
Si le escribiste igual
Pasa. Les pasa a muchísimas personas, incluso a quienes venían muy firmes. Una recaída no te devuelve a cero: lo que aprendiste, las olas que atravesaste y lo que avanzaste siguen ahí.
En lugar de castigarte, probá mirarlo con curiosidad: ¿qué pasaba justo antes? ¿Qué hora era, cómo estabas, qué viste? Esa información es oro para la próxima vez. Y tratate como tratarías a un amigo que te cuenta lo mismo: con firmeza, pero con cariño.
Si tienen que hablar sí o sí
Si comparten hijos, una casa, una mascota o trámites, cortar todo el contacto no siempre es posible. En ese caso sirve el contacto mínimo: hablar solo de lo necesario, preferentemente por escrito, en horarios razonables y sin abrir temas de la relación.
Un formato útil para esos mensajes es el que se conoce como BIFF: breve, informativo, amable y firme. Por ejemplo: "Hola. El sábado paso a buscar a Lola a las 10 y la traigo el domingo a las 18. Avisame si hay algún cambio. Gracias." Sin reproches, sin preguntas de más, sin "¿cómo estás vos?".
Si querés profundizar, en la guía de contacto cero explicamos cómo hacerlo paso a paso, y en divorcio con hijos, cómo sostener la comunicación cuando hay chicos de por medio.
Cuándo hace falta algo más
Las ganas de escribirle son esperables. Pero si en la relación hubo violencia, si le tenés miedo a tu ex o si sentís que no podés frenar algo que te pone en riesgo, la prioridad es tu seguridad. En Argentina, la Línea 144 atiende situaciones de violencia de género las 24 horas.
Y si junto con el dolor aparecen pensamientos de no querer vivir o de hacerte daño, no esperes: llamá al 135 (gratis desde CABA y Gran Buenos Aires), al (011) 5275-1135 desde todo el país o al 911. En esta guía repasamos otras señales de que conviene pedir ayuda profesional.
Esta guía es información general. No reemplaza la consulta con un profesional de la salud ni sirve para diagnosticar.
